Hábito destructor 1 - El regaño incisivo y persistente
Uno de los destructores más comunes del amor que usamos las mujeres -aunque los hombres ciertamente no están excentos de el-, son las quejas condenatorias o regaños constantes. El diccionario define la quejumbre como "atormentar mediante la queja persistente y el continuo encontrar defectos".
Un notable psicólogo hizo un estudio detallado de miles de matrimonios y encontró que la quejumbre -el regaño incisivo y persistente- era el peor defecto de las esposas. Una encuesta confirmó que este mal ocupa el primer lugar en la lista de defectos femeninos.
Una típica lista de quejas por parte del género femenino podría leerse de la siguiente manera:
Nunca arregla nada en la casa, nunca me lleva a ningún lugar, no se levanta a tiempo en la mañana, se queda mirando televisión hasta muy tarde, se levanta demasiado temprano, gasta el dinero tontamente, vive más allá de las entradas, no habla conmigo, no entiende mis sentimientos, no le presta atención a los niños, se olvida de los cumpleaños y los aniversarios, no pasa suficiente tiempo en casa, nunca me dice una palabra amable a menos que quiera relaciones sexuales, es tacaño conmigo, es demasiado callado, deja la tapa del inodoro levantada, nunca recoge su ropa del piso,
usa mala ortografía, tiene modales terribles en la mesa, maneja como un loco, siempre cuenta los mismos chistes, es muy jactancioso, dice malas palabras en presencia de los hijos, pasa demasiado tiempo jugando golf, o con sus amigos, o viendo la tv, no paga las cuentas a tiempo, cambia los canales de televisión constantemente, es demasiado dominante, o pasivo o irresoluto... ¡Ay! ¿Dónde, dónde está el hombre perfecto?
Las mujeres muchas veces consideramos que ofrecer un consejo o quejarnos, son gestos de amor. Los hombres NO. Las mujeres debemos aprender que hay un código táctico bajo el cual operan los hombres: un hombre le ofrece consejo a otro, sólo cuando específicamente se le pide que lo haga. Por respeto del uno hacia el otro, los hombres dejan que los demás resuelvan sus problemas ellos mismos a menos que se les pida ayuda.
Una mujer estaba enojada con su esposo por algunas de las mismas razones que mencionamos anteriormente. Sin darse cuenta, él la insultaba por su manera de ser y su personalidad. Por ejemplo, cada noche antes de acostarse, él le preguntaba:
-¿Le pusiste seguro a la puerta de atrás?
Ella siempre contestaba afirmativamente: -Sí, querido. Le acabo de poner el seguro.
Entonces el esposo siempre iba a la puerta para verificar que en efecto estaba atrancada. Había solo dos formas como la esposa podía interpretar la conducta del esposo. O él creía que ella estaba mintiendole acerca de haberle puesto seguro a la puerta, o en su defecto, no creía que ella tenía suficiente cerebro para recordar si lo había hecho o no. Ambas alternativas la enfurecían. Esta situación era simbólica de una docena de otras fuentes de conflicto entre ellos.
Entonces, una noche cuando el esposo procedió a verificar que el seguro de la puerta estaba puesto, inmediatamente después que ella le había asegurado que lo había hecho, Dios le habló a ella.
-Mira bien a tu esposo-, le dijo el Señor.
-¿A qué te refieres Señor?- ella preguntó.
-Bueno -contestó el Señor-, yo hice a tu esposo un revisor de puertas. Él es un hombre de detalles. Es por eso que es tan buen contador público. Él puede examinar una lista de números y localizar instantáneamente el error que otros no vieron. Yo le dí la habilidad de manejar los procedimientos de contaduría. Sí, yo hice a tu esposo un revisor de puertas, y quiero que lo aceptes tal cual es.
¿Estás dispuest@ a hacer los cambios necesarios para ser una persona con mayor capacidad de aceptación?



Think dijo
Un blog verdaderamente interesante.. procuraré seguirte mas a menudo!
Saludos!
15 Agosto 2006 | 04:53 AM